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Blog de Lorhy for Monday, Aug 30 2004

Monday, Aug 30 2004

[30/Aug/2004, 23:35] >>> Recuerdos...

Bueno, gente, voy a intentar rescribir la historia de 40 metros que había escrito y se me borro...



Corría el año 95. Yo tenía por aquel entonces...mmmmmm... 12 años. Mis padres consideraron que ya era lo suficientemente "mayor" para viajar sola al extranjero y me mandaron a pasar el verano a una colegio en Inglaterra.
La verdad es que la cosa no tenia buena pinta, ya que nada mas llegar al aeropuerto de Heathrow me entero de que solo seremos dos españolas, Pilar y yo. La tal Pilar era una niña insolente, maleducada, bastante amargada y muy mimada. Así que ya os podéis hacer una idea de lo animada que estaba. Además, mientras que el resto de niños iban con monitores de sus países, nosotras no, así que no teníamos a nadie que hablara nuestro idioma… solo nos teníamos la una a la otra.
En el colegio éramos unos 150 niños todos de diferentes nacionalidades. Yo empecé a juntarme un poco con el grupo de italianos y su monitora, Tizziana, me acepto como una mas del grupo. En las excursiones era ella la que se hacia cargo de mi... y de Pilar, claro, que no se despegaba nunca de mi.
Un día, al poco de llegar, estando de excursión en Oxford empezó a llover a mares. En un momento, se puso todo negro, no se veía nada a más de medio metro. La gente empezó a correr como loca y yo me quede paralizada en mitad de la calle. En eso, una mano salio de una tienda y me metió para dentro. Cuando me volví para darle las gracias a mi mano salvadora, me encontré ante un chico guapísimo, con unos ojos azules inmensos, rubio, mas alto que yo y con una sonrisa de la que emanaba un calor que hizo que me secara de la lluvia en un momento. Le di las gracias, en ingles, claro, y el me espeto un: “Pregoâ€.
Esa misma noche, estando en la discoteca que nos montaban en el colegio, vi. un chico, de espaldas, que me llamo mucho la atención… así de pronto se parecía mucho al chico misterioso. Bah, seguramente la mente me estaba jugando una mala pasada. Le conté a Pilar la historia del chico misterioso y de que el chico que estaba fuera con sudadera blanca y de espaldas se parecía bastante a el… En eso que Pilar me pregunto: “¿Cómo dices que era el chico de Oxford?, ¿alto, rubio con el pelo alborotado, con ojos azules?, pues estas de suerte porque se acerca para acá muy sonrienteâ€. Me di la vuelta y ahí estaba el. En frente mío, de pie, ahí tan bonico él. Me pregunto, en italiano, que si quería bailar. Le dije que si, claro… En entonces me agarro y empezó a moverse. A mi me dio la risa porque estaba sonado una especie de rap y le explique que no sabia como seria en Italia, pero que en España, cierta música se bailaba mas sueltos. El me pregunto que como sabia que era italiano, y yo le dije que obviamente, si no paraba de hablarme en italiano… Se rió, y me dijo que es que no tenia ni idea de ingles. Me dijo que se llamaba Umberto y que sabia que yo me llamaba Laura y que era española. Me quede muy sorprendida y le pregunte que como sabia eso. “Io ho miei fontiâ€, dijo. Alucinante. Luego pensé que después del espectáculo de que me sacara de la lluvia y todo eso podía que alguno de sus amigos a los que yo conocía, le dijeran quien era y eso.
Cierto día, John, mi profe de ingles, nos dijo en clase que estaban preparando todos los profesores y monitores extranjeros un concurso. Explico de que se trataba y pidió que nos apuntáramos en una lista. Yo estaba en mi mundo de la piruleta rosa y no me enteraba de nada de lo que decía. En esto que me dijo: Laura, ¿te apuntas? Y yo sin saber de lo que iba la cosa, me apunte en el papel. Una niña taiwanesa me dijo que había sido muy valiente en apuntarme, ya que el concurso se llamaba “Blind Date†y trataba de formar citas entre niños de diferentes países. Me quedé blanca del susto… Pilar me miro y dijo: “esto no me lo pierdo yo por nada del mundoâ€.
Al día siguiente, el día del concurso, llegamos al salón donde se iba a celebrar. El escenario estaba dividido en dos por medio de un biombo. En un lado, una silla, y en el otro, tres sillas. En eso que una profesora me llamó para que me metiera en una clase en la que estaban todas las chicas que participaban en el concurso. Al poco, otra profesora me llamó para que saliera. Me sentaron en la parte donde habían tres sillas, junto con una niña libanesa y una polaca. Me dijeron que yo tenía el número 3. En eso que entró el chico que iba a ocupar la otra parte del escenario. El chico creó mucha expectación ya que la gente empezó a aplaudir y a comentar… Yo miraba a Pilar situada en el público para que dijera quién era. Ella con los ojos como platos me gritó desde abajo: “Pero que suerte tienes, es el chico de la lluviaâ€. Yo me puse nerviosisima, pero al mirar a las chicas que concursaban conmigo pensé que no tenía ninguna posibilidad y que para qué ponerme nerviosa.
Un profesor que hacía las veces de presentador nos hacía preguntas que nosotras debíamos contestar.
Llegado el momento, le dijeron a Umberto que escogiera por fin a una de las tres concursantes… La gente mayormente (incluida la hermana pequeña de Umberto, Francesca, y sus amigas) se decantó por las otras dos… y lo gritaban con todas sus fuerzas, a excepción de los amigos de Umberto que le decían que escogiera el 3. Entonces el dijo: “The number 3â€. A mi casi me da algo, pero intente mantener la calma, después de todo, no sabia en que consistiría el “premio†del concurso. Las otras chicas pasaron a conocer quien era el chico del otro lado del biombo. Entonces nos quedamos los dos solos en el escenario, aun separados por el biombo. El profesor me pregunto: “¿Cómo crees que es el chico que te a elegido?â€, yo, para disimular un poco dije que me lo imaginaba bajito, moreno, feúcho… La gente se empezó a reír. Entonces le preguntaron a el que como me imaginaba. El dijo que muy guapa, morena, alta, con ojos grandes y marrones y que además me imaginaba también española. La gente se emocionó muchísimo… y yo también, obviamente. Quitaron el biombo y yo instintivamente me eché un poco hacia atrás. El me miró y se acercó hacia a mi corriendo con los brazos abiertos y diciendo: “spagnolina, spagnolina del mio cuore, sei tu!!â€. Me dio un abrazo. Yo me quede como popotizada. Flipada. Alucinada. La gente aplaudía emocionadísima. Entonces llegó el momento de sacar una tarjeta en la que ponía los premios. Cogí una. Se podía leer: “a romantic dinner for twoâ€(después me enteré que en todas ponía lo mismo). Todos aplaudían. Umberto me cogió de la mano y bajamos del escenario. Me llevó a donde estaban los italianos, incluidas su hermana y sus amigas, apodadas por mí desde ese momento como “las urracas parlanchinasâ€. Ellas empezaron a decirle que porque no había elegido a la polaca que era más guapa. Yo puse cara de “me estoy enterando de todo lo que decís, bo-ni-tasâ€. Chiara, una amiga de Umberto, de un codazo a Francesca, las obligó a callarse. Me dijo que las entendiera que aun eran muy niñas y no sabían lo que decían. Yo puse cara de circunstancias. Umberto me miró y me dijo. “spagnolina mia, tu sei la piu bella, vero, bellisima†y me besó la mano. Yo estaba como un tomate. Le dije que había dejado sola a Pilar y que debería volver a donde estaba ella. El me dijo que de acuerdo y que se venía conmigo. No me soltó la mano en un momento. Así que, imaginaros el espectáculo de cruzar el salón de lado a lado, cogidos de la mano y con todos mirándonos. Me senté al lado de Pilar, y Umberto a mi lado. Pilar sin mirarme dijo: “yo habría apostado a que elegiría a la polacaâ€. Umberto la miró y le espetó un: “tu sei una stupida, spagnolina di merdaâ€. Yo le dije que cuidadito con lo que decía ya que yo también era española. El me miró a los ojos y me dijo: “no, tu no sei come lei, tu sei la spagnolina del mio cuoreâ€. Estupendo, ni que decir tiene que en ese momento dejé mis aspiraciones patrióticas a un lado.
Al día siguiente, era el día de la cena. Lo pasé fatal. Todo el día nerviosisima y muy mal. Por la mañana, John, tuvo la brillante idea de juntar mi clase con la de Umberto para jugar a unos juegos. Uno de ellos consistía en que salía una persona a la pizarra y el resto le hacía preguntas y la persona que estaba en la pizarra no podía contestar ni Sà ni NO y además no podía repetir la misma respuesta dos veces o perdería el juego. Así que imaginaos lo bien que se lo pasaron todos esa mañana. Todas las preguntas eran rollo de “¿crees que Laura y Umberto se gustan?â€. ¿crees que se besaran en la cena?, ¿crees que se quieren?†y cosas por el estilo. Yo estaba fatal de los nervios y Umberto estaba tan tranquilo, sentado detrás de mí y dándome pataditas por debajo de la mesa. Cuando llegó su turno, la primera pregunta que le hicieron fue: “Do you like Laura?†y el contestó: “I don’t knowâ€. La segunda pregunta que le hicieron fue: “Will you kiss her tonigt?†a lo que el contestó: “I don’t knowâ€. Lo descalificaron por responder dos veces lo mismo. Después me tocó a mi. Me preguntaron lo mismo pero con referencia a Umberto. A lo primero contesté: “I don’t understand†y a lo segundo: “What’s mean kiss?â€. El profesor pensando que estaba más perdida que una cabra en un garaje me hizo sentarme.
Cuando me senté, Anna, una italiana que estaba sentada a mi lado me dijo: “Qué buena actriz, de aquí a Hollywood†y nos miramos y nos reimos.
Esa tarde tenía dos clases. Durante la clase de manualidades, tuve pegada a mi culo a Francesca todo el rato dándome el follón con la cena de esa noche con su hermano. Me mosqueé un poco y me salí de clase. Entonces oí unos cuchicheos en la escalera y me encontré que tirados en el suelo, en lo alto, estaban Umberto, Carlo y Rosso hablando entre ellos y mirándome. Me levanté y me fui de allí, pero antes de irme oí una voz que decía: “ciao, bella, ci vediamo!â€
Durante el camino de vuelta a mi habitación pensé en una cosa que Francesca me había dicho en clase: que su hermano tenía la extraña manía de decir “no lo sé†en lugar de “síâ€. Eso me hizo recordar lo del juego de las preguntas y las respuestas que él dio.
Después de la clase de manualidades tenía clase de natación así que cogí mis cosas y me fui a la piscina. En la puerta del vestuario me encontré con Pilar que ya se dirigía en bañador a la piscina y me dijo: “Qué rápida te has ido. He visto a Umberto y le he preguntado si va a ir a la cena. Me ha dicho que no lo sabe. Así que, yo que tú no me haría muchas ilusiones.†Y se fue. Yo me cambié y me fui a la piscina. Cuando entré estaban Umberto y Pilar en el agua habiéndose ahogadillas. Me senté en el otro lado de la piscina y me dediqué a mirar. Que bonico que era el jodío. Me acerqué y cuando llegué Umberto se acercó a mí y empezamos a hablar. En ese momento Pilar le dio un empujón y si no fuera porque él se agarró a mí, se habría dado con toda la cabeza en el bordillo de la piscina. Él se volvió y le dijo: “stupida!!†y un par de cosas más que no entendí. Me miró a mí y me dijo: “grazie, bellaâ€, me dio un beso en la mano y se fue.
Por la noche estaba nerviosisima. Me vestí y me fui a dar un paseo. Por el camino me encontré con Francesca que no paraba de decirme que si me había puesto tan guapa para su hermano, a lo que yo le contestaba que no, que me había puesto guapa para mi.
Cuando llegué al comedor estaban ya todos dentro. Yo no tuve el valor de entrar y me senté en un banco que había fuera. Al poco llegó Pilar y se sentó a mi lado. “No ha venidoâ€, me dijo, “ya te lo advertíâ€. Nada más decir eso, lo vi de lejos, venía a su paso, que era como dando saltitos, tranquilo, sereno, muy él. Tengo que decir que ese chico tenía como un aura muy especial. Todo el mundo lo quería, lo respetaba y lo conocía. Era como “el jefe†de todos. Y eso que el muy petardo no sabía ni papa de inglés. Pero siempre tenía una sonrisa para todos, bueno, para todos excepto para Pilar. Más tarde me enteré por Carlo que Anna les contó que ella y el resto de italianas, oyeron a Pilar un día hablar por teléfono con su madre y pudieron entender que no paraba de ponerme verde, en plan de que yo era malísima y que le hacía la vida imposible, y que la amenazaba y no cuantas cosas más, cuando en realidad, era al revés. Desde ese día Umberto y el resto le hicieron a Pilar “la cruz del gatoâ€, solo que Umberto era bastante más expresivo que el resto.
El caso… decía que Umberto se acercaba tranquilamente hacia donde estábamos nosotras. Cuando pasó por delante mía me guiñó un ojo y me dijo, “ciao, spagnolina del mio cuore†y siguió de largo. Pilar me dijo: “¿Ves? Pasa de tiâ€. En eso que llegó Geraldine, la directora del colegio y le dijo a Pilar que se metiera al comedor. Se sentó al lado mío y me señaló a un coche blanco que estaba aparcado en la puerta del comedor, y allí, apoyado en el capó del coche, con una cara de “soy más chulo que un ochoâ€, estaba Umberto. Nos acercamos a él y fuimos hacia el comedor. Cuando íbamos a entrar, Geraldine unió la mano de Umberto con la mía, así que imaginaros la entrada… La gente se calló de golpe y todos murmuraban cosas. Ciertamente ahora creo que todos esos niños y profesores estaban más aburridos que un hongo porque si no, no me explico a que venía siempre tanta atención hacia nosotros.
Umberto en plan película me apartó la silla y todo para que me sentara. La cena fue todo un show, ya que en el mismo comedor estábamos los del concurso, en unas mesas a parte, y el resto, en las mesas largas y con banquetas en las que comíamos siempre. Así que esa noche, la gente estaba más interesada en lo que pasaba con las parejas del concurso que en lo que estaban cenando.
Cuando acabó la cena, hubo un baile para las parejas del concurso. Umberto, otra vez en plan película, me apartó la silla para que me levantara. ¿A que colegio iría este niño? De verdad, lo habían educado de bien… jajajaja. Si incluso en un momento de la cena que me levanté a preguntarle una cosa a Pilar, el se levantó también, en plan cortesía o yo que sé.
El baile fue… no se como fue… jajajaja… a esas alturas yo ya no era yo, porque estaba en un estado tal de nerviosismo que… no se… Bailamos dos canciones, la primera, “Bad for Good†de Take That. La segunda, “I can’t live†de Mariah Carey. Cuando acabó la segunda canción, uno de los amigos de Umberto le preguntó algo al oído y Umberto me dijo que si podía ir a jugar al fútbol, le dije que claro… Que tontería. El se fue, pero cuando estaba en la puerta, se dio media vuelta y volvió hacia donde yo estaba. Me dio un beso en la comisura de los labios y se marchó.
Después de eso me fui a la habitación. Me sentía muy rara. Nunca había sentido tantas cosas juntas. Era la primera vez que me pasaba algo así. Y empecé a llorar. Pilar llegó a la habitación y al verme así no sé lo que se le pasaría por la cabeza, pero me propuso que fuéramos a verlos jugar al fútbol. Cuando llegamos allí, nos sentamos en un ladito del campo. Umberto al vernos, se puso gallito y se quitó la camisa y la tiró hacia donde estábamos nosotras… Yo me aparté y Pilar corrió a cogerla. La agarró con las dos manos y la olió. Yo me quedé un poco…. Mmm… so sabría decirlo. Le pregunté que si es que le gustaba Umberto y ella me dijo que no, que para nada. En eso, Umberto se acercó donde estábamos y le quitó la camisa a Pilar y me la dio a mí. Yo le dije:â€Â¡Â¡pero que cerdo que eres, si está toda sudada!!†y me reí. El me guiñó un ojo y se volvió a jugar. Cada vez que marcaba un gol me lo dedicaba. Al final nos fuimos porque Pilar no paraba de quejarse de que si hacia frío, que si vaya rollo, que menudo aburrimiento…
Otro día hubo un concurso en el que cada grupo hacía algo típico de su país. Nosotras cantamos unas sevillanas, o al menos, lo intentamos… jajajaja… Cuando acabo el concurso, la gente se fue a ver una peli al comedor. Pero yo me di cuenta que me había dejado las gafas y tuve que volver. Conforme me acercaba al salón oía sonar en un piano la canción “Para Elisa†de Beethooven. Cuando abrí la puerta del salón ahí estaba él… tocando el piano y rodeado de chicas. Yo entré sin hacer ruido, ya que no quería interrumpir el “conciertoâ€.
Me puse a buscar por todas partes, cuando él dejó de tocar, se levantó y dijo: “Lauraâ€, a la vez que extendía la mano con mis gafas en ella. Yo me acerqué para cogerlas y entonces el agarró mi mano y me la besó. En ese momento me di cuenta que las chicas se iban… supongo que pensaron que no tenían mucho que hacer… Yo le di las gracias y me volví para irme. Entonces, me agarró suavemente del brazo y me preguntó si yo sabía tocar el piano. Le dije que no y me preguntó si me gustaría aprender. Me senté en la banqueta del piano y él puso sus manos encima de mis dedos a la vez que sonaba el “cumpleaños felizâ€. Yo me reí y le dije que eso no era nada artístico. Entonces comenzó a tocar de nuevo el “Para Elisaâ€. Fue un momento intensísimo. Lo sentía detrás mio pegado a mí, con su cabeza apoyada en mi hombro, rozando su cara con la mía. Sentía su respiración en mi cara y notaba incluso los latidos de su corazón. Me giré un poco para mirarlo y estaba con los ojos cerrados, yo sonreí y en ese momento los abrió y me miró. Nos quedamos mirando no se cuanto tiempo. Y en eso que se abrió la puerta y entraron las “urracas parlanchinas†encabezadas por Francesca que le decían a Umberto que Tizziana, su monitora lo estaba buscando. Empezaron a tirar de él hasta que se lo llevaron. Yo me quedé sentada en el piano, sin saber que pensar e incapaz de moverme.
Los días pasaron más o menos así, con tonteos, roces y siempre rodeados de gente.
El último día de los italianos en el colegio, hicimos una fiesta de despedida. Yo no me acerqué a él en toda la noche, estaba muy triste. El estuvo bailando toda la noche con muchas chicas, eso sí, me dio la impresión de que a ninguna la miraba como a mí. En una de esas, vi como Pilar se le acercaba y bailaban. Yo me levanté y me fui al baño antes de montar un espectáculo allí en medio. Cuando estaba en el baño, apoyada en la pila intentando no llorar, entró Pilar y mientras se lavaba las manos, me dijo: “No estés así por el, le he preguntado que si te quería y me ha dicho que no lo sabía. Está claro, ¿no? Ha jugado contigo…†Yo la miré sonriendo, me lavé la cara y salí muy segura de mí misma hacia el salón. Y cuando entré allí estaba él. Me preguntó que donde me había metido, que me estaba buscando. Nos pusimos a bailar y empezó a sonar una canción de Laura Pausini, “La Solitudine†(la soledad). El empezó a cantarmela al oído, pero cambió el nombre del chico de la canción por el mío.
Para quien no la haya oído, os la pongo en español.

“Marco se ha marchado para no volver
el tren de la mañana llega ya sin él
es solo un corazón con alma de metal
en esa niebla gris que envuelve la ciudad
su banco esta vacio marco sigue en mi
le siento respirar pienso que sigue aqui
ni la distancia enorme puede dividir
dos corazones y un solo latir.

Quizas si tu piensas en mi
si a nadie tu quieres hablar
si tu te escondes como yo
si huyes de todo y si te vas
pronto a la cama sin cenar
si aprietas fuerte contra ti
la almohada y te hechas a llorar
si tu no sabes cuanto mal
te hara la soledad.

Miro en mi diario tu fotografía
con ojos de muchacho un poco timido
la aprieto contra el pecho y me parece que
estas aqui entre ingles y matemáticas
tu padre y sus consejos con monotonía
por causas del trabajo y otras tonterias
te ha llevado lejos sin contar contigo
te he dicho un dia lo comprenderas.

Quizás si tu piensas en mi
con los amigos deberas
tratando solo de olvidar
no es nada fácil la verdad
en clase ya no puedo mas
y por las tardes es peor
no tengo ganas de estudiar
por ti mi pensamiento va
es imposible dividir asi
la vida de los dos
por eso esperame cariño mio
conserva la ilusión

La soledad entre los dos
ese silencio en mi interior
esa inquietud de ver pasar asi
la vida sin tu amor
por eso esperame porque
esto no puede suceder
es imposible separar asi
la historia de los dosâ€


Ni que decir tiene que yo casi me derrito. Cuando la canción acabó, me dio un abrazo y me dijo: “Spagnolina, ti amoâ€. Me dio un beso en la cara y se fue.
Al día siguiente, en la puerta del colegio habían dos autobuses, uno para los que nos quedábamos que nos íbamos de excursión a Londres, y otro para los italianos que se volvían a Italia.
Yo me subí en el mío y cuando casi nos íbamos, Umberto subió y desde la puerta dijo: “Spagnolina, tu sei sempre nel mio cuore†y añadió en español: “¡hasta siempre amigos!†Tiró un beso al aire y se bajó. Yo me quedé sin saber que hacer. En ese momento caí en que no le había dado mi dirección y que el tampoco me había dado la suya. Me levanté y fui hacia la puerta del autobús, pero en eso, un profesor le dijo al chofer que la cerrara y que arrancara. Me quede sentada en el suelo, llorando desconsoladamente. El profesor se sentó al lado mío y me dijo que era mejor así.
Cuando volví a mi sitio, le comenté a Pilar, supongo que para auto-consolarme, que no pasaba nada, porque tenía la dirección de Chiara y de Carlo apuntadas en mi libreta de clase.
Cuando llegamos de la excursión por la noche, mi libreta de clase había desaparecido. No le dije nada a Pilar. Preferí dejarlo así. Supongo que di por hecho que lo que el profesor me dijo en el autobús era verdad y que lo mejor era dejarlo así, como lo que era, un primer amor imposible, pero muy bello.
La verdad, han pasado 9 años y aún me sigo acordando de él. Me pregunto que habrá sido de su vida. Y muchas veces he pensado en lo que pudo haber sido y no fue.
Mi amiga Paz dice que cuando estemos en Italia, lo va a buscar para mí. Jajajajaja… esta como una cabra. Pero la verdad, no se quien está más loca, si ella por decirlo o yo por pensar que puede ser verdad.
En fin, esta es mi historia.

¡¡Muacas!!
Laura   [L]


[30/Aug/2004, 02:27] >>> Acabo de escribir una historia que me ha llevado 3 horas escribirla y se me ha borrado.... :(   [L]


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